UNA IA PARA EL DESARROLLO INCLUSIVO, LA SOBERANÍA TECNOLÓGICA Y LA IDENTIDAD CULTURAL. APORTES DE LA WAIC A LA EXPERIENCIA ARGENTINA

Los avances científico-tecnológicos que han ocurrido en las últimas décadas no han cumplido con la promesa de construir un mundo más igualitario, en el que la humanidad pudiera gozar de sus beneficios. Por el contrario, todas las investigaciones muestran que las brechas entre las naciones y al interior de cada una de ellas se han ampliado. 

Por eso, nos preguntamos cómo lograr  que el desarrollo de la inteligencia artificial (IA), que representa uno de los cambios tecnológicos más profundos de la historia contemporánea, signifique una contribución sustantiva a un progreso humano capaz de integrar a una vida digna a todos los habitantes del planeta.

Esta fue una de las problemáticas centrales abordadas en la Conferencia Mundial sobre Inteligencia Artificial 2026 (WAIC), realizada recientemente en Shanghái. En este evento, muchos de los principales científicos y tomadores de decisiones del mundo debatieron sobre el potencial de la IA para transformar la producción, la comunicación, la investigación científica y la prestación de servicios públicos, y para convertirse en un componente estratégico del desarrollo de los países. Al mismo tiempo, se enfatizó en que la IA no constituye únicamente una innovación tecnológica: también redefine las formas de producir y transmitir conocimiento, modifica las relaciones entre las culturas y plantea nuevos desafíos para la preservación de la diversidad lingüística, la identidad de los pueblos y el diálogo entre civilizaciones.

Es por ello que la Declaración Final de la Conferencia reconoce acertadamente que el avance de la inteligencia artificial, junto con la profunda transformación de los procesos productivos y el desarrollo científico-tecnológico, debe respetar las diferentes historias, tradiciones, culturas y sistemas sociales de cada nación para convertirse en un instrumento que favorezca una mayor inclusión. 

Esta afirmación resulta particularmente relevante para los países que integran el Sur Global, especialmente para América Latina y el Caribe, una región caracterizada por una extraordinaria diversidad cultural, lingüística y étnica, pero también por profundas desigualdades en el acceso al conocimiento y a las tecnologías digitales.

Tanto el discurso inicial del presidente Xi Jinping como los debates desarrollados en la WAIC y su Declaración Final coincidieron con los principios planteados en los documentos sobre inteligencia artificial elaborados por la UNESCO y la CEPAL. La “Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial”,  aprobada por los Estados Miembros de la UNESCO en 2021,  enfatiza que la IA no constituye un fin en sí mismo, sino que debe estar al servicio de las personas, contribuir al desarrollo humano, al bienestar social y a la protección de los derechos humanos. 

Es verdad que la IA puede convertirse en el principal motor de una nueva etapa de desarrollo, pero, particularmente para los países de América Latina, este resultado no está garantizado. El mismo depende, principalmente, de las políticas que adopten los distintos Estados. Si no hay estrategias activas, el resultado puede ser la profundización de las desigualdades existentes en cada uno de los países, la pérdida de soberanía, el aumento de la dependencia tecnológica y cultural y la ampliación de las brechas con las economías más avanzadas. Las políticas deberán tener en cuenta que el principal recurso estratégico de la economía de la inteligencia artificial ya no son sólo las materias primas ni el capital físico, sino el conocimiento, la información y la capacidad de las personas.

En este contexto, la educación adquiere una importancia estratégica. Ninguna política de inteligencia artificial podrá contribuir al desarrollo humano si los sistemas educativos no forman ciudadanos capaces de comprender críticamente estas tecnologías, utilizarlas de manera creativa y participar activamente en su desarrollo y regulación. Del mismo modo, ninguna inteligencia artificial será verdaderamente inclusiva si no incorpora la riqueza cultural de los pueblos y si reproduce únicamente las perspectivas de quienes concentran el desarrollo tecnológico.

Los desafíos de la democratización del desarrollo y de los beneficios de la IA en Argentina. El papel de la educación

Los debates y las conclusiones de la WAIC implican importantes aportes al trabajo que venimos llevando adelante desde el Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación (CIICTI) para potenciar la contribución de la IA al desarrollo económico inclusivo y a la democratización de sus contenidos en la República Argentina. 

Desde el CIICTI promovemos una visión de la ciencia que nos compromete con una mayor participación y nos involucra activamente en relación con los problemas que el conocimiento científico-tecnológico puede suscitar. Porque cuando construimos conocimiento científico, configuramos el mundo social en el que queremos vivir.

Este trabajo exige abordar un debate de características políticas, ya que el actual gobierno de la Argentina se opone fuertemente a la necesidad de establecer una gobernanza y una regulación global y nacional en torno a los principios éticos y los peligros que entraña el desarrollo de la IA sin ningún tipo de control. Al mismo tiempo, se niega la posibilidad de que el Estado tenga una política activa en materia de generación de infraestructura, implementación de estas tecnologías en el aparato productivo, investigación, desarrollo de contenidos y capacitación. En estos aspectos, el modelo implementado actualmente desde el Estado deja exclusivamente en manos del mercado el desarrollo de la IA. Es por ello que la responsabilidad de garantizar un desarrollo inclusivo de la IA queda principalmente bajo la órbita de los gobiernos provinciales y locales, las universidades, los institutos de investigación y las organizaciones de la sociedad civil. 

Las investigaciones que hemos llevado adelante desde el CIICTI, en conjunto con el Research Divisions at Institute of Quantitative & Technological Economics, el Instituto de Estudios Latinoamericanos de la CASS de la República Popular China y otras instituciones académicas de Iberoamérica, entre ellas de México y Brasil, han mostrado que los efectos de la incorporación de las tecnologías digitales y de la inteligencia artificial sobre los procesos productivos y los servicios dependen de las condiciones en las que se produce. Mientras que en China estas tecnologías favorecieron notablemente a la reducción de la pobreza, en Argentina tienden a reproducir y profundizar las brechas tecnológicas y las desigualdades sociales.

Los estudios que hemos realizado muestran que, en nuestro país, son las pequeñas y medianas empresas, que concentran más del 70% de los trabajadores, las que muestran mayores dificultades para implementar los desarrollos innovadores de la IA en sus estrategias productivas. Son también estas empresas las que enfrentan mayores dificultades para contar con capacidad de cómputo y con profesionales y especialistas capaces de desarrollar e incorporar estas tecnologías. Las grandes empresas, por el contrario, han mostrado mucha mayor agilidad para incorporar los beneficios de la IA, en una gran cantidad de casos a partir de la compra de paquetes “llave en mano” desarrollados en países centrales o mediante la incorporación de tecnologías diseñadas en sus casas matrices. Además, la adopción de estas  innovaciones se encuentra concentrada en las regiones metropolitanas, y los resultados de los estudios coinciden con las advertencias formuladas por la CEPAL respecto del riesgo de marginación de grandes sectores de la población del mercado de trabajo.

Nuestras investigaciones muestran también que una de las mayores desigualdades respecto de la posibilidad de democratizar los beneficios de la IA se encuentra en la educación y en la formación de los trabajadores y de las nuevas generaciones en la alfabetización digital y en las complejas competencias que se requieren para participar de los procesos tecnológicos innovadores. Las inequidades sociales y territoriales existentes respecto del acceso de niños y jóvenes a las tecnologías digitales en general y a la IA en particular son enormes. Por un lado, en un contexto en el que cerca de la mitad de los niños y jóvenes se encuentra en situaciones de pobreza, existen enormes diferencias materiales en cuanto al acceso a los equipos y a la conectividad. Por otro lado, también se pueden observar grandes desigualdades respecto de la capacidad del sistema educativo para formar docentes en condiciones de enfrentar el desafío de la introducción de estas nuevas tecnologías en el aula. 

En este punto, cabe destacar que el debate educativo sobre la introducción de la inteligencia artificial no se limita a cómo enseñar a utilizar nuevas herramientas digitales. La problemática es considerablemente más amplia. La educación debe preparar a las nuevas generaciones para convivir con sistemas inteligentes capaces de producir textos, imágenes, diagnósticos, recomendaciones y decisiones que influyen crecientemente sobre la vida cotidiana. Ello requiere desarrollar en niños y jóvenes competencias que las máquinas difícilmente puedan reemplazar: pensamiento crítico, creatividad, capacidad para resolver problemas complejos, trabajo colaborativo, juicio ético, sensibilidad intercultural, compromiso ciudadano y aprendizaje permanente. 

La escuela debe, entre otros aspectos, preparar a las personas para comprender cómo funciona la IA, cómo utilizarla de manera crítica, reconocer sus límites, identificar sesgos, comprender el funcionamiento de los algoritmos y tomar decisiones éticas. Hay que tener en cuenta que la inteligencia artificial modifica profundamente la manera en que accedemos al conocimiento. Durante mucho tiempo, el principal desafío educativo consistió en transmitir información de características enciclopédicas. Hoy el problema es exactamente el inverso: vivimos rodeados de información abundante, muchas veces contradictoria, cuya confiabilidad debe ser permanentemente evaluada. En este escenario, el docente adquiere un papel todavía más relevante que en el pasado. Si aspiramos a que los futuros ciudadanos no se limiten a ser únicamente «linkeadores», la función del docente deja de centrarse exclusivamente en transmitir contenidos para convertirse en la de un productor de conocimiento, orientador del aprendizaje, mediador cultural y formador del pensamiento crítico.

La Declaración Final de la WAIC, en la misma dirección que las posiciones sostenidas por la UNESCO, incorpora un aspecto sustantivo en relación con los contenidos con los que deben ser “formados los formadores”: el respeto a la diversidad cultural es un factor central de una inteligencia artificial que responda a los intereses y perspectivas del Sur Global y, en particular, de América Latina. Los actuales modelos de inteligencia artificial aprenden a partir de enormes volúmenes de información. La calidad, diversidad y representatividad de esos datos condicionan directamente la calidad de sus resultados. Cuando los datos provienen mayoritariamente de unos pocos idiomas, de determinadas regiones o de contextos culturales específicos, los sistemas tienden a reproducir esos sesgos. En consecuencia, muchas culturas, lenguas y formas de conocimiento quedan insuficientemente representadas o directamente invisibilizadas. América Latina posee más de seiscientas lenguas originarias, una enorme riqueza cultural y múltiples tradiciones científicas, educativas y sociales que rara vez forman parte de los grandes repositorios utilizados para entrenar los modelos de inteligencia artificial. La consecuencia no es solamente técnica. También implica una distribución desigual del poder simbólico. Las tecnologías que organizan el acceso al conocimiento terminan privilegiando determinadas visiones del mundo, mientras otras permanecen marginadas. Construir una inteligencia artificial culturalmente diversa exige ampliar las bases de datos multilingües, fortalecer la producción científica y educativa en nuestro idioma, preservar las lenguas originarias y promover el desarrollo de tecnologías adaptadas a nuestras necesidades de desarrollo sostenible y a las realidades nacionales y regionales.

En este contexto, el gobierno actual sólo está preocupado por convertir a la Argentina en un paraíso fiscal y en proveer recursos energéticos, hídricos y de datos para maximizar los beneficios de quienes quieran aprovechar la ausencia total de regulaciones públicas para instalar empresas de IA en el país. Numerosas organizaciones académicas y de la sociedad civil han advertido sobre las graves consecuencias ambientales, económicas y culturales que implica la aplicación de este modelo. Es por ello que el papel de la Universidad y de los Organismos de Investigación y Desarrollo es imprescindible. Tal como se planteó en la WAIC, es necesario que desempeñen un rol fundamental en la investigación interdisciplinaria y en el desarrollo de nuevas tecnologías nacionales, que deben ser transferidas principalmente a las pequeñas y medianas empresas; en la producción de contenidos que respeten la identidad cultural; y en la tarea de velar para que las aplicaciones de la IA estén al servicio de las necesidades del conjunto de la población, colocando en el centro de sus preocupaciones el desarrollo humano y los intereses soberanos del país. También deben aportar al desarrollo y la distribución equitativa de la infraestructura computacional, a ampliar la disponibilidad de datos propios, elaborar recursos educativos digitales abiertos y, principalmente, a la formación de nuevos recursos profesionales. Por otra parte, tomando en cuenta los desafíos y riesgos que implican los nuevos desafíos de la Industrial Embodied Intelligence, es particularmente importante la participación de estas instituciones en el debate acerca de su regulación, gobernanza, planificación y desarrollo.

Para que se pueda cumplir con estas tareas es imprescindible la cooperación internacional, tanto con los países e instituciones académicas de la región como con quienes integran el Sur Global. La posibilidad de aprender de la exitosa experiencia china ocupa un lugar central entre las potencialidades que presenta la colaboración conjunta. No sólo porque tenemos desafíos tecnológicos comunes, sino porque además coincidimos conceptualmente en el análisis de las oportunidades y los riesgos que plantean los distintos modelos de IA. Ambos pueblos aspiran a una IA centrada en mejorar las condiciones de vida de las personas, reducir las brechas sociales y desarrollar y respetar la multiculturalidad.

La IA debe constituirse en una herramienta para lograr sociedades con mayor desarrollo y más justas. Este es el principal desafío que tenemos los países latinoamericanos. Estamos convencidos de que si, gracias a la IA aumenta la productividad de la sociedad, toda la población debería beneficiarse. Esto supone también colocar en el centro del debate cómo distribuir de manera más equitativa las ganancias derivadas del progreso tecnológico mediante una política de ingresos, un sistema tributario, inversión pública, educación, salud y otras políticas que reduzcan las desigualdades. Hacemos nuestros los desafíos que planteó la WAIC. Una gobernanza global ética, con participación activa de los países del Sur Global; la promoción de un diálogo intercultural constructivo y respetuoso; y una mayor cooperación internacional son algunas de las condiciones que permitirán que el desarrollo tecnológico de la IA contribuya a una vida más digna para todos los habitantes del planeta.

Dr. Daniel Filmus 

Director Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia Tecnología e Innovación (CIICTI)

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